Como cada año por estas fechas los hosteleros de Santiago de Compostela comienzan a frotarse las manos ante lo que se les avecina, especialmente en años de crisis como estos que nos está tocando vivir en los que siempre es un buen momento para tener unos ingresillos extras.
Y es que las fiestas del Apóstol, que tienen dos días fuertes (las noches del 24 y del 31) pero que duran más de una semana en la que la gente sale a un ritmo elevado, siempre atraen gente a la ciudad haciendo que el número de potenciales clientes de hoteles, bares, restaurantes o discotecas se eleve notablemente y que además los habitantes y los nativos de la ciudad hagan más gasto del que generalmente llevarían a cabo.
