XI Ciclo de Novos Intérpretes

En propuesta de la Asociación Galega da Lírica se avanza el inicio del XI Ciclo de Novos Intérpretes, que se convoca en el Paraninfo de la Universidad (lunes, 20.30 horas), con un concierto de los pianistas Nicolás Casal Ares y Paula Ríos Vázquez, quien cuidaría su formación con L. Gyimesi y R. Buchbinder, en la Musik-Akademi der Stadt Basel en Suiza. Amplió en el espacio camerístico con G. Wyss, I. Monighetty y R. Schmidt, además de dirección con Hans-Martin Linde en la Schola Cantorum Basileensis. Su compañero de sesión asistiría a los cursos de maestros como M. Carra, L. Mosca o A. Atenelle, mostrando especial interés por los espacios audiovisuales en bandas sonoras para cortos. La pianista centrará su programa en la integral de los Preludios para piano Op. 28 de Chopin, resumidos en la opinión del compositor y musicólogo Bal y Gay como una armoniosa galería de paisajes musicales pero que, a diferencia de los Estudios, la superficie de cada uno resulta breve. Tales Preludios valen como piezas independientes que no sirven de introducción a nada y cuya construcción no es fija.

Su estancia en Mallorca daría fe del nacimiento de alguno de ellos, en concreto el conocido como de las gotas de lluvia, aunque la tendencia a sobreañadir título a las piezas queda lejana de las intenciones del autor. También Chopin está presente en el programa de Nicolás Casal, por su Balada para piano nº 3, en La b M. Op. 47, pieza que para Bal y Gay encierra alguno de los pasajes de sonoridad más deliciosa que hayan salido de la pluma del compositor, y también algunos de los más brillantes, en los que el piano resuena con fuerza y plenitud orquestales. De los Klavierstücke Op. 118′ brahmsianos se reserva el ‘Nº 2, en La M., en trazo preciso, poesía elevada, ternurra, melancolía y lirismo y que para los amantes del maestro hamburgués esun destilado definitivo de su sensualidad acunadora. Culmen de la madurez para teclado y testamento pianístico en su íntimo monólogo.

El resto de su capítulo camerístico desde entonces basculará en la misma onda. Queda G. Gershwin por su Rhapsody in blue, su obra universal por excelencia, ya que también conocería un planteamiento para dos pianos, previa a la tan conocida orquestación. Tal oficio lo haría con dominio de argumentos Ferde Grofé. En su esencialidad apuesta con claras intenciones por incorporar las estéticas sonoras que nos remiten a los estilos comerciales de los musicales de Tin Pan Alley, semillero imperecedero de formas sencillas a la para que populares, sin que por ello presuponga demérito alguno. El interés por el miniaturismo quedará reflejado en otras composiciones, también para el piano, del propio Gershwin.

Fuente: El Correo Gallego.

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