Hay médicos que vuelven para enseñarles a sus hijos la taberna

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Alfredo, el hombre que a principios del siglo XX abrió O’42, sigue estando a diario por su taberna. Una fotografía de los años 70 recuerda al fundador de esta tasca situada, como no, en el número 42 de la rúa do Franco. Sin embargo, los propietarios ya no son los mismos. En junio del 2005, la familia Ribas tomó el relevo de los anteriores dueños, que a su vez heredaron el local de Alfredo. Ellos regresaron de Argentina en el 2001, y durante ese tiempo regentaron la parrillada O Piorno en Milladoiro.

Toda la familia arrima el hombro para llevar adelante el negocio. «La familia es lo único que no te deja tirado», explica José hijo, que también afirma que, paradójicamente, en esta época de crisis le está resultando difícil encontrar empleados. La historia de esta familia es la de tantas otras gallegas. En los años 30, la madre de José Ribas padre emigró a Argentina con tan solo 12 años. El padre tenía 21. Allí hicieron vida, y las siguientes generaciones se volvieron para contemplar la tierra que vio nacer a sus ancestros, a pesar de que muchas veces echan de menos el Río de la Plata. Ahora, José Ribas y sus hijos José, Mariano y Soledad se dedican a intentar conservar una de las pocas tascas típicas de la edad dorada del Franco. De hecho, cuando se hicieron con el establecimiento, no quisieron tocar nada. «Lo único que ha cambiado es el cierre de la terraza, pero eso ya lo hicieron los anteriores dueños porque si no tienes un espacio que no se puede utilizar durante nueve meses al año», explica José hijo. Hasta han conservado al cocinero, que lleva 14 años deleitando con su maestría a compostelanos y turistas. Porque el afán de la familia Ribas por conservar el espíritu que Alfredo le imprimió a O’42 les ha llevado a heredar también a la clientela de toda la vida. Hasta hay quien regresa después de haber dejado la ciudad hace años. «Hay médicos que estudiaron en Santiago que vuelven con sus hijos para enseñarles la taberna en la que tomaban tazas», cuenta José.

«También vienen muchos turistas». Y el boca a boca funciona, porque «aunque digan que los turistas no vuelven sí lo hacen» y muchas veces se traen amistades deseosas de probar los platos típicos. «Piden mucho pulpo, merluza y sobre todo ternera gallega», explica José.

Pero en O’42 lo que triunfó desde su apertura es el vino. «Servimos denominaciones de origen gallegas, pero también hay que adaptarse a lo que ofrece el mercado así que tenemos también riojas y de la denominación Ribera del Duero». Todo eso, acompañado por unas tapas. Ya se sabe. Algunas tradiciones nunca desaparecen, aunque cambien los dueños.

Fuente: La Voz de Galicia.

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